lunes, 26 de septiembre de 2016

UNO HACE LO QUE PUEDE EN EL FESTIVAL DE CINE DE SAN SEBASTIÁN





Sí, porque primero hay que llegar a la ciudad, luego hacerse con un programa (ah, ¿que eso se puede resolver on-line? Vaya tela), enterarse de los lugares de proyección, decidir qué películas se quieren ver, ir a la taquilla para que le digan a uno que lo que a él le gusta coincide con las preferencias se media humanidad, por lo que no hay entradas, decidir sobre la marcha sobre películas totalmente desconocidas y comprar entradas.


Aun así, no ha ido mal la cosa, porque el 20 de septiembre vi dos, la primera de las cuales es una francesa interpretada totalmente por actores japoneses y rodada en Hiroshima con el trasfondo de la bomba atómica. Se trata de una producción de 2016 oficialmente francesa, como digo, denominada Lumières d'été (Luces de verano), dirigida por Juea-Gabriel Périot y se inscribe dentro de la sección Nuevos realizadores, pero lo verdaderamente importante es comprobar cómo todo el horror de las dos primeras bombas atómicas ha sido convertido por los japoneses en un gigantesco canto a la paz. De hecho, el espacio erigido en lo que fue el epicentro de la explosión se denomina Parque de la Paz.




Llama mucho la atención que Luces de verano elude cuidadosamente cualquier referencia explícita a la devastación de la bomba, puesto que lo que le interesa es fijar el foco de atención en las personas que de una u otra manera padecieron las consecuencias de aquella atrocidad.


Con la natural modestia que le caracteriza, uno ha estado en el Parque de la Paz de Hiroshima, así como en el museo levantado para recordar todo el poder destructivo de las armas o los accidentes nucleares y en su momento me sorprendió la voluntad positiva con que la sociedad de Hiroshima evoca todo aquello, y durante la proyección de la película me sorprendió que en el filme de Pèriot apenas se vea, pero muy de refilón y porque no había más remedio, un poco de dicho Parque y nada más de toda esa explanada dedicada a la memoria pacífica de tantas muertes.


Este largometraje se concentra, pues, en las personas que vivieron todo ese espanto en primera persona y en cómo eso se transmite a las generaciones posteriores, de tal manera que son tres las edades contempladas: quienes estaban en la adolescencia o primera juventud en 1945, quienes están en 2016 en la madurez y quienes son todavía unos niños en este año. Todo ello como un coro unánime de reconciliación, de paz y de dolor por lo sufrido, pero de superación de las heridas.


Todo un documento humano que por desgracia no tuvo continuación en la segunda película que vi ese día, a pesar que por la temática, la exclusión social del lesbianismo, se prestaba a ello. 


Así en principio diré que me ha parecido un planteamiento ofensivamente maniqueo, porque uno ya ha visto filmes sobre el lesbianismo que gozan de una exquisita calidad (la canadiense Cuando cae la noche (1995), de Patricia Rozema, o la estadounidense Los chicos están bien (2010), de Lisa Cholodenko, a la que probablemente quiere parecerse el largometraje de esta tarde). Es por ello que un acercamiento a ese tema sobre una perspectiva simplista y plana, valga la redundancia, se nos antoja harto deficiente.



Ni en el planteamiento ni en el desarrollo esta película es original o profunda y el final es pluscuampredecible. Para muestra un botón: de la relación entre las mujeres, tan sólo sabemos que se dan un piquito de vez en cuando, unos jadeos detrás de la puerta y que una le compra tabaco a la otra. Sinceramente yo creo que una cuestión de la importancia como el lesbianismo merece un tratamiento mucho más profundo, como en su día hicieron Patrizia Rozema o Lisa Cholodenko, arriba mencionadas.

El filme que ahora nos ocupa es uno chileno que se denomina Rara (2016) y “No se trata de una película militante”, según afirmó  su directora Pepa San Martín a la prensa de la Zinemaldia. Y es que, efectivamente, ni como creación reivindicativa nos sirve, puesto que nada hace más daño a una causa que reducirla a uno o dos ideas manidas.

Por decir algo bueno, sí que me gustaron mucho las intervenciones de la hermana pequeña, perfectamente seleccionada por el equipo de casting.

Al final, todo el mundo se puso en pie para aclamar a San Martín en la sala del Kursaal donde se proyectó, menos yo, que estaba sentado junto a una de las protagonistas, pero me quedé tan hierático como una carta sin abrir.

Pero al final, final, final, fue galardonada con la Concha de plata en la Sección Territorio Latinoamericano del Festival Internacional de Cine de San Sebastián. Igual el raro soy yo.


En todo caso, lo que resulta muy agradable en las sesiones de la Zinemaldia es que el equipo técnico de las películas asiste a ellas en medio del público, en unas butacas reservadas para ellos, pero ya digo que rodeados por el público y no aislados en una torre de marfil, según suele suceder en otros festivales.



Una gozada también ver las salas a rebosar de gente de todas las edades.

Fco. Javier Rodríguez Barranco

domingo, 4 de septiembre de 2016

QUE VEINTE MESES NO ES NADA




            Y eso es poco más o menos el tiempo transcurrido desde el martes 13 de enero de 2015 cuando nació en Málaga Ediciones Azimut. Y lo hizo sobre cuatro colecciones que, afortunadamente, ya resultan conocidas para algunos de los que leen estas líneas.

            Muy esquemáticamente, dichas colecciones son:

—Colección “5 y acción” para libros de cine (ensayos, narraciones, poesía, teatro, guiones, etc.).
—Colección “Kandis” para libros de viajes (ensayos, narraciones, poesía, teatro, guías de viaje, etc).
—Colección “Harén” para libros eróticos.
—Colección “Medusa” para libros de calidad singular que por su temática no quepan en las colecciones anteriores, es decir, una puerta abierta, que no un cajón de sastre, para libros excepcionalmente buenos.

Más que una cuestión de géneros literarios, por lo tanto, que además sería un criterio muy discutible, Ediciones Azimut se articula sobre dos ejes básicos de coordenadas: la calidad y el tema.

Con el paso del tiempo, a esas cuatro colecciones iniciales se ha añadido recientemente una quinta denominada Candelabro, cuyo eje es el humor.

Básicamente de lo que se trata, con la natural modestia que nos caracteriza, es de aportar un granito al panorama cultural en lengua española.

CATÁLOGO
Ordenado por colecciones:

5 y acción:

2009, un año de CINE NOSTRUM, de Francisco Javier Rodríguez Barranco.
Sinopsis: En este libro se analiza el cine español en el norte de África y el cine árabe en el sur de España, referido al año 2009 porque en él se cumple el 400 aniversario de la expulsión de los moriscos de los reinos de España. Por otro lado, 2009 fue el año en que el Instituto Cervantes tomó el relevo del Festival de Málaga de Cine Español en la organización del Festival de Cine Español de Tánger, así como el décimo aniversario de nacimiento de la Fundación Tres Culturas del Mediterráneo de Sevilla. 2009 fue el año de Retorno a Hansala, de Chus Gutiérrez. Y 2009 fue también el año en que surgió la iniciativa “Cine nómada en las dos orillas”.
Por ello en 2009, un año de CINE NOSTRUM se compilan festivales y eventos cinematográficos en las riberas del Mediterráneo para ilustrar la creatividad de esta zona del planeta y para cimentar puentes culturales a uno y otro lado de este mar de cultura. Todo ello con un estilo ameno que permite el disfrute de todos los públicos.

            —El cine de Jardiel Poncela, de Enrique Gallud Jardiel.
            Sinopsis: Enrique Jardiel Poncela es una figura destacada en la historia de la literatura cómica española. Fue el renovador de la comedia en el siglo xx y un hábil narrador, autor de diversas novelas de gran éxito y alrededor de un millar de cuentos, artículos y poemas. Asimismo se ha reconocido el gran valor didáctico de sus ensayos sobre teatro. Pero es en este libro donde por primera vez se pone de relieve su valiosísima contribución al séptimo arte, una de sus grandes facetas desconocidas.
            Como sus compañeros de vanguardia, Jardiel —miembro de pleno derecho de la Generación del 27— se sintió atraído por el cine y supo ver sus posibilidades de futuro. Tuvo ocasión de experimentar en este campo, tanto en Hollywood como en España, en calidad de guionista y de director. Fue pionero en algunas áreas, como el cine en verso o el comentario cómico de películas mudas.
Este volumen incluye un detallado estudio de la labor cinematográfica de Jardiel, realizado por su nieto —un experto en su obra—, así como una entretenidísima selección de sus guiones y escritos sobre la industria del cine, nunca antes publicados. Todos los amantes  del arte de los Lumière disfrutarán con este cuidado producto de la erudición y del humor. 

Kandis
            —Spanish Texas, de Félix Hernández de Rojas.
Sinopsis: Laura Buendía es guionista de Spanish Texas, un documental que describe el periodo de trescientos años durante los cuales Texas estuvo bajo soberanía española.  Laura muere aparentemente en un desafortunado accidente y J., alucinado detective de serie negra, deberá elaborar un sencillo informe… que sin embargo desembocará por derroteros inesperados y que dará pie a una fascinante aventura que cruza el Atlántico. Borrachuzo y de seguro perdedor, J. solo tiene a su favor para realizar esta investigación una singular arma conocida por bilocación: sor María de Ágreda ya la utilizaría en el s. XVII y pudo así ser vista en Texas y Castilla a un mismo tiempo. Sueño o estupidez, mediante dichas bilocaciones seremos espectadores de una conspiración inquietante que busca cambiar el designio de mundos conectados.
Estos misterios hacen de Spanish Texas una novela de fronteras: a medio camino de lo policiaco y de lo histórico, de lo procaz y de lo descreído, y en suma, de lo americano y de lo español. Su lectura habla de sociedades en tránsito, poderosas por aquello que comparten y unen, más que por lo que las separa.

La Mujer de Fuego, de Rocío Rejes Ramos.
Sinopsis: Cecilia es una mujer burguesa pero completamente atípica que, en la recta final de su vida, siente que tiene que tomar una decisión: o acabar con ella de una forma elegante o hacer que todo cambie.
El reencuentro con tres personas muy importantes para ella más ciertas señales que se le presentan por el camino son determinantes para la decisión que debe tomar.
La Mujer de Fuego es una oda al guerrero espiritual que vive dentro de cada uno de nosotros.

Harén:
            Mi realidad virtual, de Pepa L. Casanova.
Sinopsis: Escribo  desde hace unos quince años. Nunca me planteé la posibilidad de publicar nada de lo que tengo custodiado como si de un tesoro se tratara. Vivencias, alegrías,  ilusiones, frustraciones, amores, desamores… la vida comprimida en unos pocos tomos. No he tenido hijos, ni he plantado ningún árbol (como mucho he trasplantado alguna que otra maceta, pero poco más) y sentía la necesidad de dejar constancia de mi paso por el mundo. 
Desde hace  tiempo hablo con amigas y conocidas que al igual que hice yo, se inscribieron en Internet para buscar pareja. Me resulta  increíble y sorprendente la cantidad de coincidencias, anécdotas, momentos divertidos, decepciones, apegos y desapegos, dependencia emocional… tantas cosas que se ponen de manifiesto en este tipo de contactos y que todas hemos compartido de alguna manera. Era habitual que más de una me comentara: “De mis relaciones con los hombres en  Internet, tengo para escribir un libro”.
¿Y por qué no? Pensé. Yo tenía ya el trabajo hecho, sólo faltaba pasarlo al ordenador y publicarlo. Me centré en el periodo 2005-2006, desde que me apunté por primera vez hasta que…

Los brazos de Venus, de Francisco Javier Rodríguez Barranco
Sinopsis: En el poema “Yo persigo una forma que no encuentra mi estilo”, Rubén Darío compartía la melancolía causada por la persecución de lo inasible mediante versos tan memorables como éste, que cito literalmente: “al abrazo imposible de la Venus de Milo”. Y eso es lo que me propuse narrar en esta colección de relatos fugaces: impulsos fronterizos. Metáforas de la inconsistencia y la soledad, o como poco de la singularidad. Sueños insomnes, teoremas sin conclusiones, fantasmas sin castillo o abrazos sin brazos. Nos hallaremos, pues, con personajes bajo pasiones evanescentes, atónitos ante esta realidad que se les escurre con mayor o menor carga de erotismo según los casos. Ahora tan sólo espero que sean de su agrado.

MEDUSA
            —Majaderos ilustres. Biografías cómicas, de Enrique Gallud Jardiel.
Sinopsis: ¿Por qué ocuparse de los majaderos del pasado teniendo tantos y tan preclaros en nuestros días? La razón es que los antiguos son majaderos «completos», eso es: han llegado al cenit de sus posibilidades majaderescas, mientras que de los del presente (a los que todos vemos todos los días en los telediarios) aún podemos esperar muchas perlas que completen su palmarés.
            Enrique Gallud Jardiel —humorista de la saga de Jardiel Poncela, su ilustre abuelo—, que ya se despachó a gusto desmitificando a los literatos plúmbeos en su Historia estúpida de la literatura y zarandeando a los periodistas analfabetos en su Español para andar por casa, la emprende ahora con las figuras de la historia: esa «mentira encuadernada», que dijo el otro.
            La Historia, señores míos, está repleta de gente, es el camarote de los hermanos Marx de la eternidad. Y los personajes históricos elegidos para este repaso lo han sido por sus culpas irredentas. Los hay poco simpáticos. Hay muchos asesinantes o asesinadores, que mataron mucho y bien para poder mangonear el mundo a placer. Otros destacaron por su arte, por estar como una cabra o, en muchos casos, por las dos cosas a la vez. A la hora de seleccionar majaderos en los anaqueles del tiempo no ha faltado donde elegir. La tarea más ardua del semblanzador ha sido decidir cuándo parar, pero aun así muchos cretinos se han quedado fuera. ¡Qué se le va a hacer! Como dijo Quevedo: «Yo he hecho lo que he podido; Fortuna, lo que ha querido».

CANDELABRO
            —Puta, pija y perversa, de Ramón Paso.
           
Sinopsis: La historia de una mujer en constante huida.
Gema tiene mucho encanto, es fascinadora y pocos son los hombres que, al conocerla, no caen rendidos ante ella. La voz de Gema es dulce, sus ojos parece que bailan cuando sonríe, tiene sentido del humor e ingenio... y folla con una alegría y dejadez adictivas. También tiene tres novios distintos, ninguno de los cuales sabe de la existencia real de los otros dos... y además, tiene una postdata, un chico que le sirve para los ratos muertos. Gema tiene un carácter tentador al que es imposible escapar... y un montón de problemas. Gema, para huir de la realidad, tiene un cuento donde ella es una princesa – como quiere serlo en su sórdido día a día de secretaria – pero con el pelo de alambre verde.
Ésta es una historia de princesas que se comen monstruos, y de enanos sarcásticos que se comen princesas... Y con final feliz...

PROYECTOS
            A corto plazo, ya estamos trabajando con la novela Eslabón de papel, de Guadalupe Eichelbaum, para la colección Kandis, y El amor es un microbio, sobre textos de Enrique Jardiel Poncela, en edición anotada de su nieto Enrique Gallud Jardiel, para la colección Medusa.
            A medio plazo, sobrevivir, al menos, otros veinte meses, que no nos parece empeño menguado.
            Y, bueno, también hay alguna que otra sorpresita que esperamos ir desvelando durante los próximos meses.

COMPRAS
            Se puede acceder a las plataformas de compra on-line pinchando sobre el nombre de cada uno de los libros:








Puta, pija y perversa (recién salido de la imprenta: todavía no ha llegado a las librerías, no tardará en hacerlo).

Fco. Javier Rodríguez Barranco







viernes, 26 de agosto de 2016

PONGAMOS QUE HABLO DE WOODY EN "CAFÉ SOCIETY"


Tráiler oficial 


         La primera película sonora fue El cantor de Jazz (1927), de Alan Crosland, y la primera entrega de los Oscar tuvo lugar el 16 de mayo de 1929: con esos antecedentes tan próximos, no es de extrañar que la década de los treinta fuera la de la consolidación del cine como industria. Pues bien, es precisamente a la década de los treinta en Hollywood adonde nos traslada Woody Allen en su película de 2016 Café Society.

            La década de los treinta en Hollywood vio también la llegada a la meca del cine de dramaturgos españoles de la talla de José López Rubio y Enrique Jardiel Poncela para ejercer labores de guionistas en español.

            De su etapa hollywoodiense nos dejó Jardiel una serie de aforismos que han sido recogidos por su nieto Enrique Gallud Jardiel en El cine de Jardiel Poncela, publicado a finales de 2015 por Ediciones Azimut. Veamos algunos de esas opiniones en frases cortas, según aparecen en este libro:

en hollywood...
En Hollywood, todo el mundo viste como quiere, y no hay opinión ajena.

horario
En Hollywood se trasnocha como en Madrid y se madruga como en Burgos.

trabajo y descanso
En Hollywood trabaja todo el mundo y todo el mundo parece no hacer nada.

el amor
En Hollywood el amor es gratuito.

monumentos
En Hollywood no se alzan más que dos monumentos: el uno, que representa un ángel de pie, inmortaliza a Rodolfo Valentino, y el otro, que figura un guerrero a caballo, es el anuncio de una farmacia.

urbanización
En Hollywood hacen calles nuevas todos los días y, cuando os invitan a una fiesta en alguna casa particular, los anfitriones se ven obligados a enviaros, además de la invitación y de las señas, un plano a lápiz del sitio donde está emplazado el edificio.

Particularmente interesante, a mi modo de ver, esta última cita, puesto que la película que nos ocupa se inicia, precisamente, con una fiesta en Hollywood.

Dicho lo cual, vamos a lo que vamos, es decir, Café Society, donde Woody Allen nos ofrece una historia de folletín: chico conoce a chica y se enamora de ella, pero chica está enamorada de un hombre casado, que además es su jefe. ¿Una historia de folletín? Hmmmmm, quizá necesitemos un segundo visionado de este filme, porque en él, tenemos las grandes obsesiones del cineasta neoyorquino: el amor, el sexo, el judaísmo, la muerte, que son algo así como sus dobles parejas preferidas, si hablamos en términos generales.


Y si hablamos en términos particulares, observamos en Café Society la parodia de la frivolidad hollywoodiense, como en Hollywood Ending (2002): todo el supuesto glamour se fue al garete el día que Peg Entwistle se suicidó en 1932 cuando tenía 24 años arrojándose desde la letra H de HOLLYWOOD en la famosa colina. Comprobamos también en Café Society relaciones matrimoniales cruzadas, como en Maridos y mujeres (1992). En Café Society se da también la duda acerca de si la chica de la que me estoy enamorando milita en el mismo partido que yo, una broma que recuerda otra similar de Todo lo demás (2003). En Café Society aprece una historia gansteril, como en Balas sobre Broadway (1994), si bien en este caso con mucho mejor desarrollo. 

En Café Society se recuerda la infancia en un barrio periférico de Nueva York, como en Días de radio (1987). En Café Society se rechaza la prostitución de modo parecido a como ya se hiciera en Poderosa Afrodita (1995). En Café Society se compara el judaísmo con el cristianismo, como sucediera previamente en Hannah y sus hermanas (1986). En Café Society se observa Manhattan con mirada poética exactamente igual que en Manhattan (1979), incluso hay un mínimo momento George Gershwin. En Café Society se sufre el mismo espanto por el paso del tiempo, simbolizado en una fiesta de Nochevieja, que en Si la cosa funciona (2009). Pocas veces ha utilizado Woody Allen un alter ego tan similar a sí mismo, como en Café Society. Y bueno, seguro que se me han escapado otras muchas referencias a películas previas, pero creo que las anteriores son suficientes para que nos replanteemos la pregunta anterior: ¿Verdaderamente es Café Society una película de folletín?


Es Woody Allen, en definitiva, quien se nos muestra tal cual es, con mayor sinceridad que nunca, con mayor claridad que nunca. Y por ello, no me parece ocioso que la acción de gran parte de la película se desarrolle en Hollywood, uno de los ecosistemas menos valorados por el director de Manhattan: porque necesita una perspectiva desde la que observarse a sí mismo. Por eso no me parece fútil que lo que no sucede en Hollywood acontezca en Nueva York: porque Woody necesita también reconocerse a sí mismo.

Con todo, hemos de convenir, que todas las referencias a películas previas del mismo autor que hemos enumerado más arriba están bastante más deslavazadas de lo que estamos acostumbrados con este creador. Falta algo así como la lechada que los albañiles ponen a los azulejos para que el conjunto sea más coherente y no parezca el resultado final algo así como un goteo de posibilidades que no terminan de constituir un todo armónico.


Y como soy de la opinión de que escribo reseñas de cine para destacar lo que me gusta de los largometrajes, quiero finalizar ésta con lo que para mí es el principal logro de Café Society: el desdoblamiento o la dualidad de posibilidades, muy evidente en Melinda y Melinda (2004), pero es que en Café Society las dos protagonistas femeninas se llaman igual: Verónica, familiarmente Vonnie una de las dos.

Además de lo anterior, la estética de la dualidad podemos observarla en los dos lugares básicos: Nueva York y Hollywood; la doble del productor casado, interpretado por Steve Carrell; los dos amores de Vonnie y los dos de Bobby, el protagonista masculino; los dos contextos esenciales de la acción: el familiar y el gansteril; y la gran mentira de la fábrica de sueños, donde el glamour es el maquillaje de crueldad.

Constituye Café Society, por lo tanto, como un diagrama con dos coordenadas sobre las que se van colocando cada uno de los grandes temas de Woody Allen, lo que obviamente le incluye a él mismo.



Francisco Javier Rodríguez Barranco

jueves, 11 de agosto de 2016

EL AMOR EN LOS TIEMPOS DE MAO EN "REGRESO A CASA"








 
 
            Moscú no cree en las lágrimas, ¿recordamos la película soviética de Vladimir Menshov, ganadora del Oscar a la Mejor película en habla no inglesa en 1980? Bueno, pues parece que Pekín tampoco, al menos en la China de la Revolución Cultural de Mao, según presenciamos en Regreso a casa (2014), de Zhang Yimou. Al fin y al cabo los sentimientos son una debilidad burguesa. Basurilla. Un ente disoluto y deleznable.


             ¿Que qué fue la Revolución Cultural de Mao? Nada tan fácil como volver a ver la ampliamente galardonada ¡Vivir! (1994), del mismo Zhang Yimou, un director que se ha erigido como azote de los totalitarismos, en general, y del chino, en particular, cuya relación con la actriz Gong Li, habitual en sus filmes, tampoco fue del agrado del colectivismo hegeliano. De esta película mencionaremos sólo el Premio BAFTA a la Mejor película en habla no inglesa y el Premio del Jurado en Cannes.

            Y es así como se nos plantea Regreso a casa: la insignificancia de la persona en el bucle de la ética maoísta y el esfuerzo baldío de implorar un mínimo de humanidad.  
         

Pero cuando se persigue lo inalcanzable se desarrolla la melancolía, o las enfermedades mentales, si se prefiere un término más clínico, que es exactamente lo que le sucede a Wanyu, el personaje de Gong Li en el largometraje de Yimou: el amor de una mujer frente a todo el aparato del Partido Comunista Chino. No estropeo el final de la película al desvelar lo anterior, puesto que lo que verdaderamente importa en este filme es comprobar hasta qué punto la sociedad puede destruir al individuo y las diferentes fases de esa destrucción es lo que se muestra en esta producción.

En El amor en los tiempos del cólera, de Gabriel García Márquez, Florentino Ariza le confiesa a Fermina Daza: “he esperado esta ocasión durante más de medio siglo, para repetir una vez más el juramento de mi fidelidad eterna y mi amor para siempre”; y ésa es la espera en que se halla el personaje interpretado por Chen Daoming, Lu Yanshi, represaliado al desierto del Gobi por cuestiones ideológicas: que su mujer, la profesora Wanyu, recupere la razón. También, como en la novela del escritor colombiano recién mencionado, el protagonista masculino escribe infinitud de cartas, que no llegan a la mujer en su momento.


Otra novela de García Márquez con la que podemos establecer una relación es El coronel no tiene quien le escriba, donde el coronel Buendía espera inútilmente una carta del gobierno. En la película de Yimou, Wanyu no recibe la correspondencia de su marido mientras todavía conserva la lucidez, y la única carta que le llega, aunque con un cierto retraso, es la que le anuncia una llegada que para ella será invisible a pesar de que un mes detrás de otro se dirige a la estación de tren. En El coronel no tiene quien le escriba, la ansiada carta no llega desde un punto de vista objetivo, en Regreso a casa, el marido no llega desde un punto de vista psicológico, pero en el fondo es lo mismo: un anhelo insatisfecho en una sociedad que no da la talla.

En el Paraíso de los valores absolutos, un poquito de relatividad moral, por favor, que eso no significa traicionar ideales solidarios ni ser enemigo del pueblo, ni nada por el estilo. Recordemos, simplemente que la mínima pieza de todo el entramado social no es la familia, según se ha afirmado reiteradamente, sino el hombre, y por lo tanto es a la persona a lo que debemos mimar. Para hacer buenos cestos necesitamos buenos mimbres, según recuerda la sabiduría popular, y por ello, nunca conseguiremos sociedades sanas sobre las emociones castradas.

            Y no pretendo ser original al respecto, dado que así lo defendió David Hume, uno de los pilares del empirismo británico, en el siglo XVIII, cuando comprobó que todavía carecíamos de una teoría convincente de la ética después de los dos mil años transcurridos desde Sócrates hasta la centuria de las luces. De ahí que propusiera una ética de las emociones, es decir, un planteamiento según el cual, lo bueno, lo malo o lo regular dependía del nivel de rechazo afectivo que nos inspiraran las diferentes situaciones, lo que equivalía a relativizar los juicios morales y debería haber constituido una andanada bajo la línea de flotación de las opiniones cristalizadas. Lamentablemente, en un número demasiado extenso de sociedades no ha sido así, sino que predominan o han predominado hasta hace muy poco los fundamentalismos ortodoxos.


 ¿Qué hacer ante la sinrazón dominante? La propuesta de Yimou es bastante clara: ante la barbarie, delicadeza, que es el valor que predomina en Regreso a casa, una exquisita pieza de empatía humana construida sobre una banda sonora en la que predominan los sencillos acordes de un piano solo.

Francisco Javier Rodríguez Barranco